domingo, 23 de marzo de 2014

Post de batianiversario 1: Una batinostalgia

Este post es un tanto egoísta, así que trataré de no irme en floro (ojo con el verbo principal). La nostalgia me vino porque paseando por el Jr. Cochabambas me encontré el número 1 de Legends of the Dark Knight (1989) (en inglés y en edición de colección, según la portada), que abre el clásico arco de Dennis O’Neill: Shaman. Y aunque el descubrimiento no fue suficientemente bueno como para comprar la solitaria primera parte de una colección en una edición que no iba a poder terminar jamás, sí me dejó ese saborcillo evocativo que dejan las minucias repentinas.


Bueno, como es bien sabido que la nostalgia viene para llevarte, estuve haciendo retrospectivas hasta que fui a parar a la raíz misma de toda esta vaina, que resultó estando en las Galerías Brasil, en donde me compré mi primer cómic en inglés allá por fines de los ’90, el cual fue de… si pensaste “Batman” te quemaste, fue de Spiderman. Pero he ahí el detalle, porque a pesar de que para ese momento ya había leído cómics (la mayoría saldos de Disney de los que ahora me sorprende haber encontrado tantos en el mercado de mi barrio -y más de que ahora no haya ni uno-), de que ya conocía a la mayoría de superhéroes, y de que mi primera compra en inglés fuera Spiderman (en mala hora); a pesar de todo eso, para todos los efectos emotivos, mi primer cómic (o mejor dicho historia) fueron los números 59 y 60 de Shadow of The Bat (1997), guionizados por Alan Grant y con unas extraordinarias portadas de Tom Taggart (una pena que haya sido omitido en los créditos, por cierto). Los compré un mes después, en el mismo lugar.




No tengo nada contra Spiderman. De hecho, elegí comprar primero ese cómic porque en ese momento estaba con toda la onda de la serie animada. Además, solo tenía para uno y si me compraba los de Batman tendrían que ser ambas partes de la historia en una sola compra. No es que hubiera una lógica en ello. El asunto es que, como habrán notado, no he dado ningún detalle sobre el cómic y es simplemente porque no recuerdo ninguno, así de inmemorable fue. Ni siquiera me acuerdo qué tenía en la portada o a qué serie correspondía y mucho menos del guionista, lo cual tal vez esté bien. La historia era una sucesión de viñetas de pensamiento de Spiderman y de Hobgoblin, en narraciones paralelas, en las que básicamente se repetía la misma idea una y otra vez. Era, por supuesto, un intento descarado de alargar una historia y yo tuve la mala suerte de agarrarla precisamente en donde la estrategia había mutado al guión en recurso comercial sin más. Obviamente, no pensé todo esto en ese instante, estoy racionalizando la sensación que recuerdo haber tenido: emoción por leer un cómic en su idioma original y desilusión de que no fuera nada interesante.

En cuanto a los Shadow of the Bat, pues me hicieron dar ese giro de: “anda, ¿cuándo se volvió tan oscura y chévere esta vaina?” Seguramente hay mejores cómics para darlo (Watchmen, Sin City, TDKR; considerando que uno llegue desde los superhéroes), pero a mí me vacila la idea de que haya sido con una historia más humilde porque uno aprecia mejor la calidad del guión cuando no esperas nada especial de él. En realidad, la historia no gira en torno a Batman sino a Scarface, el personaje de apoyo es el Pingüino (y Batman), el antagonista es un don-nadie y la mayor parte del relato podría considerarse un cliché; supongo que lo último pasa porque Alan Grant concentra sus mejores ideas en complejizar a Scarface y no tanto en el todo. El primer número da cuenta de ello, especialmente en la primera mitad.


Grant siempre me ha parecido más bien un autor irregular, pero creo que tiene una gran visión para las pequeñas cosas, ha co-creado secundarios clásicos del batiuniverso como el mismo Scarface, Anarquía, Mr. Zsasz y el bastante explotado Jeremiah Arkham; y cuando algo le sale de las entrañas le sale muy bien, como El manifiesto de Anarquía en Shadow of the Bat 41 (que termina la historia del número anterior). A lo que voy es que algo de sentimiento también le puso a la caracterización de Scarface en esta historia, no solo porque fuera su hijo sino porque jugar con la idea de poder es algo que, en general, le gusta bastante. Muestra a la marioneta como un símbolo de poder que además lleva encima una maldición traducida en la locura de Arnold Wesker, pero totalmente independiente de él. Al ser algo así como un cetro, el poder y la maldición se transmiten a quien lo tenga, en este caso Rhino, quien está convencido que si aprende a proyectar su voz, el muñeco le inspirará lo que tenga que decir y hacer, como efectivamente sucede y a partir de lo cual vuelve a tener la confianza que había perdido. Precisamente antes de que todo esto pasara, estaba dejándose llevar al matadero como un toro recién castrado; pero luego que su jefe "le hablara", hasta se le ocurre (recuérdese que es un estúpido consagrado) negociar con el Pingüino la liberación de Wesker. 



Luego de esta genial estampa, las cosas vuelven a la normalidad y Grant nos deriva a la historia estándar en la que le pone menos entusiasmo al personaje, hasta terminar su cuento con una broma un tanto infantil. Quizá lo más rescatable de los tres cuartos restantes sea el dramatismo que el otro símbolo del que se vale evoca, el albatros, que trae buenos augurios para los buenos y malos para los malos (básico, pero efectivo). Se puso poético y no le salió mal, aunque tampoco tan bien. Quien sabe, quizá hasta estaba pensando en Baudelaire cuando eligió al animal; el subtítulo de la segunda parte, “El viejo y el mar”, hace suponer que realmente tuvo alguna inspiración literaria. 

Pero de vuelta al tema, esas 13 primeras páginas son rotundas y para respaldar mi interpretación recordaré que Grant utilizó la misma lógica (separar a Wesker de Scarface y explotar la simbología del segundo) en Batman & Scarface: A psychodrama (2001); y luego Paul Dini hizo lo propio cuando reemplazó al ventrílocuo sin tocar la personalidad de Scarface al crear a Peyton Riley (2007), una mujer abusada por su mafioso esposo que al apoderarse de la marioneta se vuelve una fiera y cree que esta la ama. Si deberían vender copias del muñeco junto a libros de autoayuda.



En fin, si me he tomado tantas molestias con un personaje menor es porque el "primer" cómic se merecía una reseña de homenaje, creo yo, por los viejos tiempos. Me gustaría terminar diciendo que ambos números de la historia están bien embolsados en mi biblioteca, pero resulta que se los presté a una enamorada que me los devolvió cuando ya era ex. En verdad hubiera sido más elegante que se los quedara en lugar de entregármelos en pedazos. Maldito daño colateral.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que lindo post, yo no sabia que el batiuniverso habia tenido tantos momentos complejos, gracias x la info :)