viernes, 9 de mayo de 2014

Post de batianiversario 2: Oda a la capucha (a ti no, Bruce)

Dado que empezamos el mes de aniversario del buen murciélago (y que estamos en el año de aniversario en general), y dado que es mi superhéroe favorito, pues continuaré con los batipost hasta que se me acaben las ideas, hasta que se me pase lo friki o hasta que se acabe el año. Los intercalaré con otro tipo de entradas, por supuesto; tampoco se trata de atormentar a los infieles.

No es necesario ser un friki del encapuchado, como es el caso de un servidor, para saber que hasta el cansancio se ha dicho que la capucha es la verdadera piel de Bruce, mientras que su vida de civil es la máscara. Uno de los momentos más claros de esto es cuando, durante la saga de Bruce Wayne: Fugitive (que están reeditando por aniversario), la batifamilia trata de convencerlo, por la razón y por la fuerza, de que no se deshaga de la identidad Bruce Wayne. Batman, además, en más de una ocasión ha dicho que esa identidad es absolutamente prescindible.


Pero también es cierto que Batman es un símbolo y una leyenda que no necesita de un sujeto específico, ni siquiera de Bruce (aunque sí de un digno ocupante), y me estoy situando dentro de la lógica interna del batiuniverso. Esto nos lo han dejado claro los guionistas a lo largo de los años, desde las fantasías extravagantes del Alfred de la Silver Age en donde se dan las primeras sucesiones del legado (Dick es Batman y Robin es el hijo de Bruce y Batwoman, quien eventualmente llevará el manto), pasando por los sueños de Paul Pope y por los elseworlds en que Damian lleva la capucha, hasta Terry McGinnis (Batman Beyond), entre otros. Este último, por cierto, es mi favorito porque la sucesión es irreversible y en cierta forma canónica, aunque demasiada alejada del “presente” como para que lo sea enteramente.




De hecho, este tema de la sucesión del legado (la capucha) es una, en mi opinión, de las grandes particularidades del personaje. Ser Batman es una herencia deliberadamente planeada de esa forma (tal vez no en su origen, pero ahora indudablemente que sí), para la cual hay un maestro y un pupilo, es una tradición controlada en la cual virtualmente podría participar cualquier ser humano (si aguanta) y quienes participan lo hacen con la bendición del patriarca. No pasa lo mismo con ningún otro de los grandes de DC:
  • En el caso Superman, Wonder Woman y Aquaman su identidad secreta es la civil y su identidad pública es quienes son realmente, son superhéroes porque su biología superhumana así lo ha dispuesto, no es que fueron entrenados para serlo. Dado que tienen poderes específicos, los posibles sucesores serán impuestos por el hecho de que solo lo serán si tienen esos poderes, y esto siempre ha forzado la creación de ciertos personajes desde que la estrategia comercial exigió tener miniversiones de cada héroe. Además, los nuevos serán, a la vista de todos, sujetos distintos y la simbología será opacada.
  • En el caso de Linterna Verde lo que hay es un nombramiento externo, como quien cubre un puesto de trabajo… en realidad, es exactamente cubrir un puesto de trabajo.
  • En el caso de Flash, similar a los primeros, la sucesión está supeditada a que algún increíble accidente o circunstancia produzca que algún joven adquiera la speed force, y además hay que esperar que sea un buen tipo.
  • El marciano es el último de su especie.
La particularidad de la sucesión dota al personaje de mayor humanidad y complejidad, y en consecuencia lo enriquece respecto de los otros miembros del panteón. Expande al héroe más allá de toda época (por más que suene a frase hecha), tanto dentro como fuera de las páginas del cómic, porque le da mejor sustento a la idea de continuidad. Si uno lo considera un momento, pues tiene más sentido pensar en la continuidad de un estandarte que cambie de abanderado, uno que será diferente cada vez pero siempre el mismo porque lo que importa es el símbolo. Para el universo del murciélago esto no es solo tolerado sino deseado, y encaja perfectamente en su lógica interna. Todo el séquito de Bruce sabe, consiente y a veces explicitan que el fundador no es eterno ni a prueba de balas y que un sucesor siempre será necesario.



Lo malo, creo yo, es que ya se vuelve un problema encajarlo en la lógica de todo el universo DC porque implicaría que el tiempo sea igualmente implacable con todos los demás, y eso no va a pasar simplemente porque su mitología está construida de tal forma que no lo aguantaría, tendrían que introducirse demasiados nuevos elementos para cada uno (en algunos casos, estoy seguro, absurdos incluso para la propia fantasía).

En realidad, la escisión entre ícono y portador (entre permanencia y contingencia) funciona tan bien para Batman porque sospecho que es simplemente un reflejo de un deseo contenido en varias generaciones de guionistas. La entrega del legado es uno de los grandes temas inconclusos (porque nunca se hace definitiva) que a la vez es de los más recurrentes y trabajados. Además de los mencionados arriba, hay tres grandes momentos con los que seguro uno está más familiarizado: la sucesión a Jean Paul Valley, la primera sucesión a Dick y la segunda sucesión a Dick; siendo la última la más representativa porque: Bruce se presume muerto, el discurso de Dick en el funeral reivindica la inmortalidad de la capucha, es bendecida por el universo DC como natural, y porque Bruce creó tanta escuela que hubo un tropel de herederos que se partieron la crisma por la herencia del patriarca (sí, esto suena a noticiero criollo) antes que Dick se alzara como el legítimo sucesor.

Cada vez resulta más normal la idea de que Bruce puede irse en paz porque ya no hay duda de que si bien él siempre será Batman, Batman no necesariamente tiene que ser siempre Bruce, no lo necesita, aunque lo extrañaríamos. Tal vez por ahí se objete que sin los motivos de Bruce, sin su tragedia, pues Batman ya no sería Batman. Creo que es claro que esto no es cierto desde la apropiación de la capucha por parte de Dick, pero quien lleva esta claridad al extremo (cuando no) es Grant Morrison. Dentro de las muchas cosas que es el murciélago, una de ellas es una marca registrada/franquicia; bueno, Morrison toma este dato de la realidad y lo incorpora con tanta maestría a la fantasía que encima tiene la concha de apellidar a su creación Inc. (Batman Incorporated). Implícitamente, Morrison hace declarar a Bruce que Batman está liberado de sus motivos personales para siempre y que lo único que queda es el propósito general con el que aquel que quiera formar parte del club debe comprometerse. Así, cada país tiene su Batman, en una versión mejorada de los Batmen of All Nations.[1]



En fin, creo que el origen de Batman, desde que fuera introducido en el Detective Comics N° 33 allá por noviembre del ’39, forma más parte de la mitología de Bruce que la del propio Batman; aunque no dejará de estar ligada a este último, pero más como dato histórico. Las muchas formas en las que se ha venido presentando la disociación entre uno y otro lo evidencian, no todo Batman requiere del mismo trauma para que funcione, o al menos no en la misma medida. Sin duda es uno de los orígenes más sólidos, más duros dentro del canon y, desde el principio, con mayor potencial humano (psicológico); pero la capucha ya lo ha trascendido, su subsistencia como ícono ya no depende de él, esta ha adquirido vida propia y es casi un personaje en sí misma. El tótem del murciélago, su espíritu inmutable, sobrevivirá (sobreviviría), por los siglos de los siglos, a cualquiera que invoque su sombra.
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[1] Para mayor análisis de esta impecable jugada de Morrison, recomiendo revisar el artículo de Javier Calvo, Podemos construirle: la visión coorporativa en el Batman de Grant Morrison, que forma parte del libro Batman desde la periferia (al cual ya me referí en su momento) y que desde hace unos meses ya está disponible en varias librerías limeñas (con 10% de descuento por pago efectivo en Librería SUR, desde luego).

2 comentarios:

Anónimo dijo...

este blog se fue a la mierda desde que gianco se lo cedió a sus calichines...

William Villafuerte dijo...

Aunque creo que hay mucho material del murciélago, que no he leído, creo tener el suficiente conocimiento como para decir que el separar a Batman de Bruce no produce el mismo producto, al menos no con la misma calidad, por más que algunos escritores quieran vendernos la idea, he visto las versiones Batman Dick y Batman del mañana y no me terminaron de gustar, ojo no porque los personajes fueran malos, pero creo que Bruce Wayne es demasiado grande como para ser sustitudo así nada más, con honestidad veo más factible sustituir cualquier personaje del universo DC por algún otro alter-ego que hacerle el cambio al más grande personaje de historietas de esta centuria que pasó y esto lo digo molesto mirando como Marvel desperdicia a personajes como el buen Logan....