jueves, 13 de mayo de 2010

Escribir dibujando

(por Rubén Merino)

Escribir dibujando: el poder de lo gráfico en el cómic

En El cómic y la narración gráfica, Eisner resalta el poder “universal” que tiene el dibujo para transmitir un mensaje al lector. Sin embargo, bien sabemos que el dibujo en el cómic no tiene por qué tener un alcance “universal”. Hay dibujos densos, poco sutiles, difíciles de descifrar; dibujos que no desean tener un alcance “universal”, sino que claramente se dirigen hacia un tipo especial de lector, y desarrollan un modo de estética que no es fácilmente apreciado por todos.

(El denso dibujo del genial Alberto Breccia)

Esta consideración del dibujo como algo que puede ser poco “universal” tendría que llevarnos a tener en cuenta una idea básica: el estilo y la técnica del trazo influyen directamente en lo que se quiere decir en la imagen: ambos elementos dejan de ser simples medios para la consecución de un fin, y se convierten en parte sustancial del mensaje; se convierten en el fin en sí mismo (y piensen, si desean -o si no se me ha entendido-, en la famosísima y repetidísima frase de Marshall McLuhan: El medio es el mensaje). Ahora, con una mirada un poco más atenta nos daremos cuenta que lo dicho no sólo se aplica al dibujo, sino que en el cómic esta cuestión cobra sentido, con enorme fuerza, también en la escritura, en las letras que se entremezclan con los gráficos.

Eisner define a las letras, en un sentido general, como “símbolos derivados de imágenes que se originaron a raíz de formas familiares, objetos, posturas y otros fenómenos reconocibles”. Es decir, las letras en un principio se originan como gráficos que están ligados a la percepción estética: ver una letra era ver a la vez un dibujo. Como ejemplo, Eisner recurre al antiguo jeroglífico egipcio y a las letras chinas que representaron la idea de adoración del siguiente modo:


Sin embargo, con el paso del tiempo, las letras se fueron sofisticando y fueron perdiendo su capacidad gráfica: se hicieron esquemáticas y abstractas, estuvieron más ligadas a los significados intelectuales que a la revelación estética. Esto es algo muy parecido a lo que dicen filósofos como Herder o Nietzsche sobre el lenguaje: en un principio este albergaba lo sensitivo, lo visceral, lo vivificado en la naturaleza; más tarde, el lenguaje de ‘civilizó’, se ‘pulió’, se ‘refinó’ intelectualmente.

Ahora bien, el caso de las letras en el cómic es muy especial: allí ellas dejan de ser simples signos abstractos, y cobran vida, nueva y mágicamente, como representaciones estéticas. En la letra escrita del cómic importa el estilo de escritura, el trazo realizado, el énfasis de la tinta (es decir, el trabajo del letrista): todo ello se combina íntimamente con el mensaje dado (tal como en la palabra hablada el tono de voz y las modulaciones son parte primordial para comprender lo que se está diciendo).

El siguiente ejemplo de Eisner es evidente:


Descripción de Eisner: “Aquí, el efecto de terror, la insinuación de violencia (sangre) y rabia afectan directamente al texto.”


El perturbador, y definitivamente no-universal, trazo de Eddie Campbell, en From Hell, es acompañado por un diseño de letras desenfrenado e infantil: la geométrica irracionalidad de la obra se nos tatúa en el alma con cada palabra que leemos.

Y dejemos, por ahora, aquí la cuestión.

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Rubén Merino, educado en filosofía académica, administra Singularidad Vertiginosa, un blog sobre filosofía y demasiadas cosas más.
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