miércoles, 2 de junio de 2010

El tiempo en el comic (2)

(por Ruben Merino)
Eisner afirma algo que, a primera vista, parece bastante sorprendente: en el cómic, cada viñeta hace de la relatividad de Einstein una realidad para el lector. ¿Cómo entender esto?

Para empezar, se hace evidente que el criterio esencial que sirve para juzgar el paso del tiempo en el cómic es el paso de las viñetas. Es en la estructuración y composición de ellas que se expresa el ritmo y duración de los eventos. Así pues, componer y separar viñetas es como colocarle puntos y comas (y más) a la obra. Y por supuesto, no se trata sólo de cómo se separan las viñetas, se trata además de cómo está conformada cada una de ellas: la extensión, la estrechez, pueden darle diversas sensaciones a la lectura de la página de un cómic: la demora se amplía, el vértigo nos alcanza, etc. En cada caso, el lector se posiciona con respecto a la acción en diferentes condiciones.

Pero la cuestión es más compleja. Los ejemplos dados hasta ahora sobre el tiempo han mostrado viñetas carentes de globos de diálogos. Y estos, sin embargo, juegan un papel importantísimo en la percepción que tenemos del paso del tiempo en el cómic.

Lo que hacen los globos de diálogo es capturar y hacer visible un elemento etéreo de nuestra realidad: el sonido. Este, efectivamente, se da siempre en el tiempo, no lo puede obviar ni superar. El sonido tiene como campo de desarrollo, necesariamente, al tiempo. Así pues, la presencia de sonido (paralizado y visible: y así estimulante de nuestra imaginación) en los globos hace evidente una cosa: el paso del tiempo no es un fenómeno que simplemente percibimos en el transcurso de viñeta a viñeta, sino que en cada una de ellas hay ya la percepción de un cierto paso del tiempo, que puede llegar a ser muy complejo. Veamos un simple ejemplo para aclararnos esta cuestión:

(Nippur de Lagash, del maestrazo Robin Wood)

Vemos en la viñeta una pequeña conversación entre dos personas, en donde sólo se han utilizado dos globos de diálogo. Es evidente las personas no hablan al mismo tiempo, y no hablan en un momento estático. Más bien, interpretamos sin ningún problema que una está hablando después de la otra, con lo que ya le proyectamos una cierta temporalidad a la viñeta: la imagen estática cobra vida gracias a los globos de diálogo. Piénsese en cómo los dibujos de las caras coinciden con las palabras dichas: en algunos casos la expresión hace referencia al final de la expresión, en otras al inicio, en otras al mismo momento en que ella se dice. Pero nosotros vamos más allá del gesto estático que vemos: le añadimos imaginativamente una cierta progresión a la imagen; es decir, le añadimos tiempo. Y pudieran haber condiciones mucho más complejas: más globos de diálogos, más personajes dibujados. Esto hace claro que la percepción del tiempo en el cómic no es un evento unilateral; por el contrario, hay una multiplicidad de tiempos que se nos expresa, hay una complejidad de momentos que se combinan entre sí gracias a la proyección de imaginación que hacemos nosotros hacia la obra.

La siguiente página de Watchmen es una obra maestra del manejo del paso del tiempo en el cómic. No hay una simple linealidad cronológica; más bien, la percepción del tiempo es absolutamente cualitativa, y nos hace mudarnos de un momento del tiempo a otro en medio de una gran complejidad:


Así pues, la construcción del paso del tiempo es uno de los factores más complejos del cómic. Y no sólo por esta capacidad de las viñetas para propiciar un paso del tiempo que no es simplemente lineal, sino además porque nosotros, como lectores y constantes proyectores de imaginación a la obra, somos quienes le damos vida activamente a tal temporalidad: desencadenada de la rigidez; liberada al enredo de los múltiples caminos por los que existimos cronológicamente (¿no somos, acaso, como sujetos, una composición compleja de pasados, presentes y futuros fluyendo cualitativamente?, ¿no es el cómic un arte privilegiado para expresar con esta riquísima complejidad que conforma tan profundamente nuestra existencia?).

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Rubén Merino, educado en filosofía académica, administra Singularidad Vertiginosa, un blog sobre filosofía y demasiadas cosas más.
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1 comentario:

Bunny dijo...

Oh por dios, NIPPUR!, me quede sin palabras.