Los Mejores Cómics de la Década (2010-2019) - Parte 2: Cómics Mudos

¿Siguen aquí? ¡Que bueno! Cumplimos nuestra promesa y regresamos con una nueva entrega sobre lo que nos dejó la década pasada. Las aclaraciones son las mismas: Esta es una lista y toda lista es inútil en su propósito. A lo más que puedo apuntar es a que descubran algo que no conocían y a que compartan sus gustos. Está claro también que no he leído todo lo que se ha publicado en los últimos 10 años así que si tienen otros títulos por favor digan cuáles son en los comentarios. En caso les interese, la última entrega habló sobre los 10 Mejores Cómics de Superhéroes de la década pasada. Y sin más preámbulos...

PARTE 2 – Cómics Mudos

En la búsqueda continua del cómic como medio artístico, es imposible no detenerse un momento y pensar en el cómic mudo o sin palabras. Ya sean obras clásicas como Arzach de Moebius o la obra rescatada de Frans Masereel, la ausencia del texto obliga al lector a detenerse y poner toda su atención en los elementos visuales. Y esto a su vez empuja a una ponderación más profunda sobre la construcción de la narración y cómo es que la voz del escritor no es dependiente de la palabra escrita. Como dice Chris Ware, el hacer cómic se trata de escribir usando imágenes.

Así que sin mayor preámbulo, estos fueron los mejores cómics mudos de la década pasada:

10 – Age of Reptiles: Ancient Egyptians de Ricardo Delgado


La última entrega de una serie de cómics que viene desde los 90s y que se enfoca en las vidas de un grupo de dinosaurios en la era mesozoica. Es lineal y directa en su historia de huevos robados, cacerías en manadas y luchas sangrientas de sobrevivencia. En realidad es solo eso, dinosaurios haciendo lo que dinosaurios hacen, pero Ricardo Delgado ha sido capaz de encontrar un apasionante drama que va desde sistemas de poder dentro de la naturaleza hasta la sensación brutal de la pérdida de seres queridos.

9 – 3” de Marc Antoine Mathieu


Increíble experimento visual que usa un misterio y un asesinato como base para narrar toda una historia en tan solo 3 segundos. Así es, todo este cómic transcurre en menos de lo que puedes decir el nombre del autor y emplea el zoom hasta su extremo máximo para desacelerar el paso del tiempo y jugar con reflejos de la luz sobre diferentes tipos de superficies como pantallas de celulares o los mismos ojos de las personas. Lo que uno pensaría es contemplativo y quizás un poco lento, es en realidad cautivante ya que al emplear una narrativa de misterio policial, recae en las manos del lector el hacer varias relecturas y descubrir pistas sobre el caso en los reflejos de los objetos.

8 – El día más largo del futuro de Lucas Varela


La lucha del capitalismo por nuestras billeteras hecha cómic. En el libro del argentino Lucas Valera, dos corporaciones multinacionales desatan una lucha global por la preferencia de los consumidores y no tienen reparos en usar cualquier herramienta a su alcance para destrozar a la otra. Lo divertido de todo es ver que al final del día, tanto la corporación roja como la azul son indistintas la una de la otra. Al igual que en la vida real, muchas veces terminamos luchando y discutiendo con otros por nimiedades y que bajo otro contexto, podrían incluso ser amigos nuestros.

7 – B+F de Gregory Benton


Quizás el comic más sentimental de toda esta lista. La segunda novela gráfica de Gregory Benton narra la historia de una mujer desnuda y un perro amarillo gigante mientras se enfrentan a criaturas místicas en un terreno paranormal en constante estado de cambio. No hay mucho más que añadir en realidad. El cómic funciona porque sabe bien quiénes son sus personajes y porque los empujar en un sentido clásico de buenos vs malos. ¿Son buenas personas atrapadas en el infierno? No sabemos, ni nos dices. Pero en realidad no importa. A veces las historias más difíciles de contar son las más sencillas. Y Benton resalta porque es un maestro del color y al igual que del manejo de diferentes tipos de texturas lo que contribuye a una sensación de asombro y fascinación a la hora de retratar vistas panorámicas.

6 – Vacaciones de Blexbolex


En su crítica para The Comics Journal, Matt Seneca dice lo siguiente sobre Vacaciones: “Blexbolex emplea una pizca de colores complementarios y combina conceptos como profundidad y dimensión en formas básicas, dándole a los fondos una sensación de infinitud. Este efecto le da a las formas hipermodernas del autor, un aire de nostalgia desvaído y ligeramente arrugado, el aspecto de los colores en viejas revistas de periódicos.” Si quizás suena como una descripción un poco conceptual, están en lo cierto. Y es que Blexbolex es un artista de artistas y es muy difícil hablar de su obra o técnica de manera normal. Lo que superficialmente es una historia sobre un abuelo, su nieta y un elefante bebé que llega en tren es en realidad una mezcla de sentimentalismo Pixar pero sin las ataduras corporativas que obligan a convertir la historia en un producto de fácil digestión para todos.

Este es un libro infantil que se atreve a subvertir los clichés a los que estamos acostumbrados para poner su completa atención en nueva técnicas y formas de contar sin texto. Tenemos así una especie de ensalada de cómic y libro ilustrado. Páginas de ilustración entera dan paso a paneles insertados para desacelerar el tiempo y todo tiene un sabor de experimentación gráfica. ¿Mencioné que también es un homenaje a Little Nemo y Winso McCay? Vacaciones es el raro libro que premia tanto a los que nunca han leído un cómic como a los arduos teóricos del medio.

5 – Dockwood de Jon McNaught


El diseño de arte hecho cómic. Jon McNaught es un artista que ha sabido destilar todos los elementos gráficos a su esencia más pura y desde un punto de partida de contar solo con los conceptos básicos, logra moldearlos a su antojo para alcanzar hermosas paletas de colores y composiciones que no malgastan ni una sola viñeta. Y es que curiosamente, Dockwood es un cómic que se enfoca en el proceso del cambio. McNaught narra sin el uso de texto, lo que es el otoño, la caída de las hojas y lo bello que puede ser la pérdida de la belleza. Las personas se comportan de una forma y los animales de otra, pero todos están conectados en una especie de compás universal. Y es que si nos ponemos teóricos, a veces uno puede tomar por sentado el paso del tiempo dentro del cómic y olvida que una de las mayores particularidades del medio es que todo está ocurriendo al mismo tiempo. Pensémoslo bien. Cuando leemos un cómic, literalmente absorbemos decenas de paneles al mismo tiempo y subconscientemente vemos lo que está a punto de suceder mientras nuestra vista periférica nos recuerda siempre lo que acaba de pasar. McNaught sabe esto y lo lleva al extremo gráfico.

Nota: Vale aclarar que Dockwood contiene breves paneles con texto, pero son más un accesorio que una necesidad.

4 – In Pieces de Marion Fayolle


Este libro debería estar en primer lugar. No sé, estoy en seria duda porque me encanta lo que Marion Fayolle hace y más aún, la facilidad con lo que hace. Lo que tenemos aquí es un cómic que se rehúsa a ser un cómic. Es una aproximación al medio desde fuera de su eje tradicional (nada de viñetas dibujadas, nada de globos de diálogos) y más bien el enfoque está en convertir la narración en una especie de poesía visual donde nuestras acciones revelan deseos escondidos y sueños olvidados. Cada página narra una secuencia muy particular que bajo la pluma de otro artista podría ser un mero gag, pero que bajo la sensibilidad personal de Marion Fayolle se convierte en una pluralidad de temas que van desde confesiones sentimentales hasta burlas filosóficas.

3 – El espejo de Mowgli de Olivier Schrauwen


Schrauwen vive en otro plano dimensional, no hay otra explicación. El hombre ha creado un cuento superficialmente simple sobre un joven en la jungla que busca por todos lados a alguien con quien compartir su vida, pero en realidad es algo mucho, mucho más perturbador. Y es que el Espejo de Mowgli es en realidad una historia hermosamente ilustrada en tonos azules y naranjas que suelta preguntas filosóficas en torno al concepto de individualidad y que sin miedo alguno nos dice que sí, el mundo es un lugar sin misericordia y nuestra existencia es como un hoyo negro. Y si no entendemos bien el concepto, no tiene reparos en tirarnos excremento de elefante en la cabeza para que aprendamos de una vez por todas que estamos solos en este mundo.

2 – Aventuras de un oficinista japonés de José Domingo


Este libro es una locura. Es el caos hecho papel y tinta y es también una hermosa oda al desorden universal que no se puede descifrar cuando es visto de cerca, pero que si nos alejamos lo suficiente, se puede comprender que todo corresponde a un orden matemático preciso y justo. En Aventuras de un Oficinista Japonés, un hombre sale con su maletín del trabajo y de pronto… todo ocurre. Y cuando digo que todo ocurre, me refiero literalmente a que TODO ocurre: desde yakuzas iniciando una lucha campal en medio de la calle hasta un hombre reencarnándose desde el interior de un árbol, pasando por caníbales almorzando tranquilamente en una cabaña en medio del bosque.

Lo hermoso del cómic es la forma en la que está narrado. Domingo usa la misma composición en todas las páginas: 4 paneles de misma medida que ligeramente hacen una especie de paneo constante hacia abajo. El oficinista camina en una sola dirección y siempre lo seguimos prestando atención a todo lo que ocurre a su alrededor. Y esta es precisamente la belleza del cómic. Hay cientos de cosas e historias secundarias ocurriendo en los márgenes de los paneles y lo que ocurre en la página dos puede tener una repercusión en la página 40. Es el tipo de libro que merece varias relecturas. Incluso hay páginas y PDFs dedicados a analizar todos los elementos que ocurren panel por panel y su significado para la historias principal.

Y antes del número 1, nos gustaría dejar nuestras…

Menciones honrosas: Mox Nox de Joan Cornellá, White Cube de Brecht Vandenbroucke, Hyeronimus & Bosch de Paul Kirchner.

1 – Weathercraft de Jim Woodring


¿Qué se puede decir de Jim Woodring que no se haya dicho antes? ¿Que el hombre es un genio? ¿Qué ha creado un infierno disfrazado de Edén? En Weathercraft, Woodring toma un vistazo a la vida de Manhog (uno de los personajes recurrentes de todas sus series de libros) y lo usa como trampolín para llevarnos por un tour de alucinaciones hacia el universo del fracaso y la tortura. El mundo de Jim Woodring es un mundo donde la inercia es la mayor comodidad y donde todos los seres y criaturas fantásticas que lo inhabitan son incapaces de sentir remordimiento alguno. Cuando Manhog, una persona animalesca que solo conoce la tortura, osa querer aprender las verdades del universo, no solo es castigado y vilipendiado por una luna antropomórfica. Es destrozado salvajemente, con sus interiores abiertos para vista de todos. ¿Su error? Querer aprender a ser mejor.

Los cómics de Jim Woodring son mitad animación de los 40s y mitad sicodelia de los 60s. Si gustan, imaginen un Yellow Submarine en el que Ringo es obligado a arrastrarse a través de lodo y heces para ser premiado con un viaje de solo ida a la Santa Inquisición. Este es ese tipo de cómic. ¿Es acaso posible que el tormento y el castigo conduzcan a un tipo de elevación espiritual? ¿Podemos encontrar redención verdadera si admitimos e interiorizamos nuestros pecados? La verdad, no tengo respuesta a ni una de estas preguntas. Lo único que sé es que este es un cómic en el que cuando el mal aparece encarnado, uno no lo enfrenta ni corre. Uno se arrodilla y jura obediencia. Y si no podemos encontrar el humor en eso… pues entonces estamos verdaderamente perdidos ¡Plop!

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