lunes, 12 de enero de 2009

Faverón lee comics


La verdad que ni enterado. Gustavo Faverón Patriau, escritor y editor de libros y revistas en el Perú y el exterior, ha escrito un artículo llmado 'Las Historias del Porvenir' para El Comercio, analizando el comic desde un punto de vista literario. Menciona a los sospechosos comunes como Spiegelman, Oesterheld y Eisner. Pero también lanza sus curve balls y nombra a Tezuka, Ware y hasta Tomine (me acabo de dar cuenta que tengo dos posts seguidos en los que menciono a Tomine. Go figure).

Es un buen artículo que sirve más para demostrarle a las personas ajenas al mundo del comics, qué es el comic y por qué es tan literario como la literatura misma. Algo que todos los que leemos comics sabemos pero que siempre está bien recordar al resto. En fin. Fue una lectura grata y en lo personal, me divertí bastante con lo siguiente:
La aproximación creciente del cómic al registro novelístico y la introducción de rasgos de la novela gráfica en otras artes forman parte, creo, de un solo fenómeno mayor: la tendencia a la hibridación y a la fusión que está en el espíritu del pastiche, el collage y la parodia, que a su vez animan buena parte de las artes postmodernas. La fragmentación innata de la novela gráfica, fragmentación propia de un "arte secuencial" -como llama Will Eisner al cómic en conjunto-, se convierte en el modus operandi más apto para artistas y escritores interesados en expresar, precisamente, la evaporación de las causalidades y la ruptura y la impotencia de las "grandes narrativas": se trata de creadores que prefieren representar su incomprensión del mundo contemporáneo y de la historia antes que explicar la realidad en discursos totalizantes y abarcadores.

La creciente tendencia a entender la relación entre el ser humano y la imagen como un ejercicio de lectura y a la vez una inmersión, es decir, la idea de que cuando vemos una imagen, por decirlo así, la estamos leyendo desde adentro (que vivimos sumergidos en una marea de imágenes concurrentes), hace que el mundo de la letra impresa y el universo de la plástica se miren uno al otro cada vez con mayor familiaridad. El cómic, como el cine, tiene un pie en cada hemisferio, y ello lo transforma, según pienso, en el lenguaje más poderoso para la escritura de ficciones en un tiempo en que los lectores se acostumbran a la simultaneidad de lo gráfico y lo escrito (Internet es sin duda el motor más activo de esa integración). Esto significa que quienes asistimos hoy a la escalada del cómic como género, probablemente estamos viendo el desarrollo del arte narrativo que con más versatilidad se encargará de contar las historias del porvenir.
Se puede debatir claro. El comic tiene muchas diferencia con el cine. Una que se me viene a la cabeza por ejemplo. En el cine, la audiencia tiene un rol pasivo. Puede ver la película a 24 cuadros por segundo. Punto. No puede retroceder ni pausar el film. En cambio, en el comic, el lector cumple una función activa. El lector se encarga de avanzar el comic a su disposición. Puede detenerse y apreciar un panel por cuanto tiempo desee. En pocas palabras, el lector es quien maneja el tiempo en que transcurre la acción. Algo que diferencia por completo a ambos medios.

El comic es un monstruo completamente distinto al cine en mi opinión. Pueden leer el artículo en El Comercio y pueden visitar a Gustavo Faverón en su blog, Puente Aéreo.

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