jueves, 17 de junio de 2010

El arte fragmentado: las viñetas (2)

(por Ruben Merino)

Un principio básico que sigue Eisner a lo largo de sus dos libros teóricos es la convicción de que el cómic es un arte en el que tanto autor como lector hacen constante uso de las experiencias propias que tienen para enfrentar a la obra, uno escribiéndola y el otro leyéndola. Esto lleva a considerar que la secuencia de acontecimientos que vemos pasar viñeta tras viñeta tiene como uno de sus objetivos principales hacer que el lector reconozca fácilmente aquello que se le narra, identificándose con ello y llenando “los vacíos de la acción”: vacíos que quedan entre viñeta y viñeta y que van siendo colmados con la experiencia previa a partir de la que nos vamos acercando a la obra. Mirar una viñeta, bajo esta perspectiva, es mirar una ventana hacia un mundo que ya conocemos, que nos es familiar y que no tendríamos que decodificar en medio de algún análisis intenso.

Personalmente, me queda la sensación de que este examen de Eisner funciona perfectamente si es que nos concentramos en aquellos cómics que se dedican a narrar una historia y que tienen como objetivo seguir una secuencia cronológica en la que un problema es planteado y resuelto a lo largo del cómic. Es claro, sin embargo, que el cómic puede hacer mucho más que eso. Puede, por ejemplo, posarse en un evento y no narrarlo, sino dedicarse a contemplarlo desde diferentes perspectivas, analizarlo una y otra vez. Las viñetas no están siempre para contar algo, sino que a veces simplemente muestran: permiten relacionarse con un evento o con una idea dándole diversas miradas. Más de uno pensará en los mangas para estos casos, y ciertamente es una característica común de ellos, que en más de una ocasión, más que en contar, están preocupados en mostrar una locación, un hecho, un estado de ánimo, un conflicto desde diversas perspectivas: no para repetirlo, sino para absorberlo más intensamente a partir de sus múltiples posibilidades.



Dos páginas continuas de Hellsing: imágenes que muestran diferentes perspectivas; la cronología de la acción poco importa en el modo en que se quieren generar aquí las emociones


Miracleman, de Alan Moore: otra vez, la secuencia cronológica de la acción no es lo importante, sino la múltiple reflexión que se va haciendo en la página

Nótese cómo en los ejemplos mostrados lo importante no es contar una historia, sino mostrar algo y reflexionar una y otra vez sobre ello, hacer que en cada viñeta nos podamos acercar a la cuestión desde diferentes perspectivas. Esta es una capacidad extraordinaria del cómic, que lo diferencia de todas las otras artes, siendo ellas incapaces de lograr un efecto de este tipo. Que en una sola página (una unidad estética) se puedan abarcar, a la vez, múltiples perspectivas o múltiples posibilidades, es una celebración de la complejidad y de la singularidad de las cosas que sólo el cómic puede lograr tan intensamente.

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Rubén Merino, educado en filosofía académica - pero transfugado a la filosofía pop - administra Singularidad Vertiginosa, un blog sobre filosofía y demasiadas cosas más.
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3 comentarios:

Anónimo dijo...

nada del trailer internacional de scott pilgrim? chekea aintitcool

Pedrico Feliz dijo...

bien aburridos estos ariculos, mucha pretensión

Gianco dijo...

¿Aburridos? Para mí son lo opuesto. Me parece refrescante examinar comics deste ángulos distintos. Saludos!