viernes, 15 de junio de 2012

Ray Bradbury, RIP

Sisi, ya se. Bradbury murió hace varios días. Lamentablemente me encontraba ausente y no tuve tiempo de dedicarle unas líneas al autor de Fahrenheit 451. No obstante, me gustaría tomarme un tiempo para recordar a uno de los magos de la literatura con un extracto de esta brillante entrevista que The Paris Review hizo en el 2010. Lamentablemente, ya no quedan muchos escritores como él. Vive para siempre Ray Bradbury.

BRADBURY:
Nadie puede matar un sueño. La obligación social debe venir de vivir con alguna noción de estilo, gran aventura, y romance. Es como mi amigo, el Sr. Electrico.

ENTREVISTADOR:
Ese es el personaje que tiene una aparición breve en ‘Something Wicked This Way Comes’, ¿No? Y a pesar que has hablado muchas veces de un verdadero Sr. Electrico, nadie ha podido confirmar su existencia.

BRADBURY:
Si… pero él fue un hombre real. Ese era su verdadero nombre. Cuando era pequeño, había muchos circos y carnavales que pasaban por Illinois y yo me enamoré del misterio que llevaban consigo. Un fin de semana de otoño de 1932, cuando tenía doce años, el Show Combinado de los Hermanos Dill llegó a mi pueblo. Y uno de los actos era el Sr. Electrico. Se sentaba en una silla eléctrica la cual era cargada con cincuenta mil voltios de electricidad pura. Rayos salían de sus ojos y todos sus pelos se paraban de punta.

Al día siguiente tuve que ir al funeral de uno de mis tíos favoritos. Manejando de regreso del cementerio con mi familia, pasando una colina cerca a la costa del lago Michigan, pude ver las carpas y las banderas del circo. Le dije a mi padre que detuviera el coche. El me dijo. ¿Qué quieres? Y yo le dije que tenía que salir. Mi padre estaba furioso conmigo. El quería que me quedase con mi familia, pero yo salí del auto y corrí bajo la colina hacia el carnaval.

No se me había ocurrido en ese momento, pero en cierto sentido estaba huyendo de la muerte, ¿No? Estaba corriendo hacia la vida. Y allí estaba el Sr. Electrico sentado en su plataforma al frente del carnaval y yo no sabía que decir. Estaba con miedo de quedar como un tonto. Tenía un truco en mi bolsillo, uno de esos trucos con una bola y un vaso – un pequeño contenedor que hacía la bola aparecer y desaparecer. Y saqué el truco de mi bolsillo y le pregunté: ¿Me puedes enseñar cómo hacer esto? Era lo correcto, estableció un contacto. Él sabía que estaba hablando con un joven mago. Lo tomó en sus manos, me enseñó cómo hacerlo, lo devolvió, me miró directamente al rostro y dijo: ¿Te gustaría conocer a algunas personas dentro de esa carpa? ¿Algunas personas extrañas? Y yo dije: Si señor, me gustaría mucho. Así que me llevó y bien entramos a la carpa gritó: ¡No hablen lisuras! ¡No hablen lisuras! Me llevó dentro y la primera persona que conocí fue el Hombre Ilustrado. ¿No es eso maravilloso? Él se llamaba a sí mismo el Hombre Tatuado pero luego cambié su nombre para mi libro. También conocí al hombre fuerte, la dama gorda, los trapecistas, el enano y la calavera. Todos ellos se convirtieron en personajes.

El Sr. Electrico era un hombre bello, sabía que tenía allí a un niño raro de doce años que quería muchas cosas. Y caminamos por la costa del lago Michigan y me trató como a un adulto. Yo hablé de mis grandes filosofías y el habló de algunas pequeñas. Luego salimos y nos sentamos en unas dunas cerca al lago y de pronto, se me acercó y me dijo: Estoy muy contento de que estés de vuelta en mi vida. Yo le pregunté: ¿A qué te refieres? Recién nos conocemos. Y él dijo: Tú eras mi mejor amigo afuera de París en 1918. Te hirieron en Ardennes y moriste en mis brazos allí. Estoy contento que estés de vuelta en el mundo. Tienes un rostro y un nombre distinto, pero tu alma que brilla desde tu rostro es la misma que la de mi amigo. Bienvenido de vuelta.

Ahora… ¿Por qué dijo eso? ¿Me lo puedes explicar? Tal vez tenía un hijo muerto, tal vez no tenía hijos, tal vez era un hombre solitario, tal vez era un bromista. ¿Quién sabe? Podía ser que vio la intensidad con la que vivía. De vez en cuando en firmas de libros veo a jóvenes niños y niñas que están tan llenos con fuego que brilla desde sus caras, lo que causa que les prestes más atención. Tal vez eso fue lo que le atrajo de mí. Cuando salí del carnaval ese día, me detuve en el carrusel y vi a los caballos dando vueltas y vueltas al compás de la canción “Beautiful Ohio”, y en ese momento, lloré. Lágrimas corrían por mi cara. Y supe que algo importante me había ocurrido en ese día. Me sentí cambiado. El Sr. Electrico me dio importancia, inmortalidad, un regalo místico. Mi vida cambió por completo. Cuando llegué a casa ese día, me senté a escribir. No he parado desde entonces.

Eso fue hace setenta y siete años y lo recuerdo perfectamente. Regresé esa noche al carnaval y lo vi. Se sentó en una silla con una espada, y cuando lo electrocutaron, todos sus pelos se pararon. Levantó su espada y tocó a todos los que estaban en la primera fila, niños y niñas, hombres y mujeres, con electricidad que emanaba de su espada. Cuando llegó a mí, me tocó en la frente, en la nariz y en el mentón, y me dijo en un susurro: Vive para siempre. Y decidí hacerlo.



4 comentarios:

Anónimo dijo...

Esto es lo más enternecedor que he leído en bastante tiempo. RIP Mr. Bradbury. Viva para siempre.

Carlos dijo...

Pienso igual que el anónimo, demasiado conmovedor, sin importar la veracidad de aquella anécdota, ya sea una historia proveniente de la gran imaginación de Bradbury, o un relato verdadero y conmovedor de la infancia del grandioso escritor, mas bien, no quiero saber si es verdad o ficción pues considero a aquello secundario. En algo acertaron Bradbury y el Sr. Eléctrico, Ray vivirá para siempre.

gustarzinger dijo...

demasiado bello.

no tengo nada mas que decir :)

Anexs dijo...

Un guionista de sueños.. una gran perdida. un gran recuerdo.. gran vida.. que tenga el mejor de sus viajes..