jueves, 19 de julio de 2012

Damian Wayne: nacido para matar

Regresamos con otro interesante artículo de Aaron Verona Badajoz sobre el rol de Robin dentro de la mitología de Batman. Como infiere Aaron, ¿Qué lugar ocupa un niño dentro de un mundo de psicópatas disfrazados de pingüinos y payasos?

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Soy fan de Batman, es mi personaje mainstream favorito. Hago la aclaración respectiva para que no entiendas que hay mala leche en lo que voy a decir a continuación: Robin me llega al p¡$%&. Está bien, nunca tanto, hay matices, pero quería una frase categórica para pasar luego a explicarte por qué, y de paso comentar brevemente “Batman and Robin: Born to kill” (Batman y Robin: Nacido para matar), el primer arco sobre el dúo luego de Flashpoint.


La verdad que me sentí identificado cuando en la introducción del recopilatorio de “Dark Victory” (Victoria Oscura), Tim Sale comenta que odiaba a Robin; y es que si te pones serio con la figura de Batman, el compañerit@ en mallas de colores brillantes, como que no va. No digo que no me vacilen Dick Grayson, Jason Todd, Tim Drake, Carrie Kelly, y qué rayos, incluso Stephanie Brown; pero me vacilan en sus versiones más adultas ( Nightwing, Red Hood, Red Robin y Batgirl), y en el caso de Carrie, a pesar de seguir pareciendo bien chibola, es entrañable dentro del universo de Frank Miller. Porque bueno, a ese team lo entrenó un tipo que le hace bullying a Superman (El regreso del caballero oscuro) y tiene un plan para bajarse a cada miembro de la JLA si se ponen faltosos (Torre de Babel). Maestro.

El problema está con que un broder más matón que Chuck Norris entrene a preadolescentes y adolescentes para enfrentarse a otro montón de broders tan matones como él. O sea ya, tiene sus traumas y todo, pero esa vaina al menos genera un dilema moral (uno aunque sea). Y me estoy situando dentro de la lógica misma que la fantasía te presenta. A Dick casi lo matan a golpes (Robin Año Uno), a Stephanie y Carrie igual (Juegos de Guerra y El caballero oscuro contra ataca, respectivamente), Jason no dejó las cosas a medias (Una muerte en la familia), y a Tim lo perseguía una asesina profesional que mató a varios chibolos buscándolo (Tambores de guerra).


Entonces, para ser honesto, en mi opinión la figura de Robin solo encaja perfectamente en el estilo de historias para niños de las primeras décadas del personaje (de la cual “Los archivos negros” son una formidable muestra), en la cual realmente el pequeño Dick no estaba en peligro de una muerte salvaje y gratuitamente brutal. Cuando en la versión contemporánea del personaje, Batman lo saca a pasear por la ciudad de la locura, siempre me da la impresión de que no pensó dos minutos lo que estaba haciendo.

Y es aquí donde entra Damian, cortesía de Grant Morrison (Batman e hijo). Situémonos otra vez en la lógica de la fantasía. Este no es cualquier piraña, y no me refiero a que sea hijo biológico de Bruce (que yo ya pensaba que se había hecho una Batisectomía, porque nica lleva condones en el cinturón), nada que ver, eso es lo de menos. Este zamarro es nieto de Ra’s al Ghul, hijo de Talia al Ghul, criado para matar y sabe Highfather qué cosas más, heredero de un genocida semi inmortal que no tiene reparos en desaparecer civilizaciones. Así de dañado lo recoge Bruce.

Entonces, uno se pregunta, siempre dentro de la lógica de la historia, qué hacer con este chibolo. No lo pierdes de vista y lo mantienes a raya, eso es lo que haces, y si eres Batman no te queda otra que redirigir hacia el bien las habilidades superiores de esta pequeña máquina de matar. O sea, lo haces tu compañero, lo haces Robin. Por cierto, ni se te ocurra compararlo con el inicio de Jason Todd, sé consciente.


Es cierto que la dinámica de este dúo ya se había explorado antes, durante y después de “Batman Reborn” (Batman renacido), pero su primera saga post Flashpoint es una de las pocas del relanzamiento que me parece que realmente marca el inicio de algo. Son 8 números que tratan de profundizar la relación problemática padre-hijo (no solo de los Wayne), incorporando muy bien elementos del pasado de Bruce, la compulsión asesina de Damian, “Batman Incorporated” (no hay traducción oficial, pero una posibilidad es “Batman internacional”) e incluso algunos guiños simpáticos como la introducción de Titus (un perro muy similar al de Bruce en la serie animada “Batman del futuro”). Todo esto sin saturar.

Personalmente, creo que es una historia mostra, tiene un ritmo que mantiene el suspenso y tiene unos buenos giros que evitan que la lectura sea lineal. El desenlace es digno del dúo Bruce-Damian. ¿Predecible?, mmmm… tal vez un poquito, pero solo porque los buenos siempre ganan, aunque la última escena no me la esperaba, y eso es porque al final “la magia está en los detalles” pe varón.

2 comentarios:

Oporto dijo...

Estuve leyendo, hace semanas, Batman y Robin. La verdad es que me gusta mucho la relación padre e hijo que tienen, aunque sea con un Damian que se reprime para no "robar pantalla" por momentos o con Bruce muy misteriosamente paternal. Damian, no estamos hablando de un Robin para mi, lo que digo es que no es Robin ni siquiera un sucesor de Batman es algo totalmente distinto. Quizás solo lo han puesto de Robin para no dejarlo de lado o desarrollar más su perfil. El personajes es algo más interesante que un robin promedio y su personalidad va hacia otro tipo de ser en un futuro y dudo mucho que sea un Batman. Pero ahí lo genial de Damian es que no había leído un personaje en Dc con tanto potencial en poder cambiar el panorama.

Lo veo a Damian y recuerdo a Cassandra Cain de alguna manera, cuando era un personaje sumamente interesante pero que se dejó de lado injustamente porque no se sabía que hacer en su serie propia y el personaje empezó a dar tumbos por aquí y por allá.

Aarón dijo...

Damian me parece el primer Robin compatible con la visión más oscura y adulta de Batman. Creo que por ello las posibilidades de su desarrollo son bastante amplias. El mismo Morrison ya ha explorado una posibilidad tan arriesgada como Damian sucesor de Bruce en un futuro en donde está más rayado que ahora.