domingo, 2 de diciembre de 2012

"De vez en cuando la vida"...

… es una canción de Joan Manuel Serrat que me gusta más cuando la canta Adalberto Álvarez y que, para no hacerla larga, viene al caso porque me dio la idea de escribir este post, mis humildes recomendaciones de buenos cómics para cada etapa de la vida. Trataré de omitir clásicos (obras o autores) para mostrar la diversidad que se nos ofrece. Tal vez unos sean conocidos, tal vez otros no, pero de eso también se trata la vida, de mirar para atrás y para adelante. 

Niñez: The wood man’s head 


No pensé que fuera a tener tanta dificultad con la primera etapa, pero de verdad que la niñez se me figura con tantos colores que me resultaba difícil escoger una obra para representarla. Pensé primero en concentrarme en un aspecto, la inocencia por ejemplo, sea en estado superlativo (lindando con la torpeza) como en “Yotsuba&!” de Kiyohiko Azuma, o en la pérdida de esta como en “Por qué he matado a Pierre” (Pourquoi j'ai tué Pierre) de Olivier Ka. 

Sin embargo, la respuesta me vino dada por la paradójica genialidad de Luke Pearson, esa manía que tiene de profundizar a través de la simplicidad (que además es otra característica de la niñez). Y es que en las dos hojas de su “La cabeza del hombre de madera” (The Wood man’s head) es capaz de plasmar una gran variedad de aspectos de esta etapa: la potencia de la imaginación, la curiosidad sincera, la impertinencia del juego, la temeridad heroica de la inocencia, la falta de rencor y la capacidad de vivir todo en un instante que no se piensa, se siente. A esto hay que sumar que el mismo proceso de creación del cómic fue como jugando, “calentando” dice él, entre dos de sus historias largas sobre Hildafolk, uno de sus personajes recurrentes y protagonista de esta historia. 

Afortunadamente, la brevedad del trabajo ha hecho que se nos conceda gratuitamente

Adolescencia: Skim 


"Ghost World" sería la recomendación evidente, si bien podría argüirse que se trata de una etapa juvenil, el alpinchismo cínico y el desdén que se revela como pose más que como convicción son jodidamente adolescentes. El tema es que la verdad que no me gusta tanto (aunque ese comentario despierte al troll que llevas dentro) y, por otro lado, también es cierto que últimamente ya ha sido suficientemente citada como para sumar otro comentario a su historial. 

Sin embargo, otra buena opción para esta etapa es “Skim”, obra canadiense de las primas Mariko y Jillian Tamaki. Una obra que abarca bastante bien la angustia adolescente por la identidad (personal, social, sexual). No se sitúa necesariamente en un momento de transición entre una etapa de la vida y otra, al menos no te fuerza a entenderla de esta forma, sino más bien en una de descubrimiento y consolidación dentro de un mismo estadio. 

Figúrense lo siguiente, una adolescente gótica y rellenita con pretensiones de bruja que no encaja en ningún grupo social (Kim), lo cual nos da un personaje con características iniciales fuertemente constreñidas. Hasta aquí hay peligro de cliché. Pero además, la vida de Kim transcurre principalmente en un colegio religioso en donde recientemente el enamorado de una de las alumnas se ha suicidado, con lo cual se añade un escenario interesante. Finalmente, la autora termina de complejizarnos la figura con el primer amor de Kim, algo que no entiende bien pero a lo que está dispuesta a entregarse, incluso si se trata de LA profe más hippie que te puedas imaginar. 

Mariko lográ, además, representar bien la polifónica galería que significa el bestiario adolescente, en donde encontramos desde la pose más cínicamente altruista hasta la amistad más sincera. No por nada ha ganado premios como el Ignatz y el Doug Wright (gringo y canadiense respectivamente), así como recibir cuatro nominaciones para los Eisner

Juventud: Solanin 


“Solanin” de Inio Asano lo es todo. Será que me identifico especialmente con esta etapa o que este tipo es un genio, pero me tocó el bobo de la manera más descarada y descarnada. De por sí Inio Asano hace eso como si de respirar se tratara, de hecho, “Nijigahara Holograph” (su obra más intrincada) es una muestra sublime de su maestría para tratar lo complicado y perverso de las relaciones humanas a distintos niveles (psicológicos, sociales, filosóficos, etc.). Me voy a poner recontra faltoso y decir que en lo que mi concierne, él tiene una habilidad intuitiva para aplicar sistemas complejos cuando escribe. 

Sin embargo, en ese sentido “Solanin” es más modesta, aunque igualmente conmovedora. Meiko ya está insertada en el mundo adulto, pero no es uno de ellos, no puede, el camino la trajo a este punto por inercia y el futuro todavía parece lo que era cuando estaba en la universidad, una nube. Pero la vida y su propia voluntad le exigen seguir adelante por el simple hecho de que la realidad existe y el tiempo es su profeta. Es particularmente interesante que en su afterword de la obra, Asano diga que tal vez no hayan conclusiones que sacar de ella (aunque eso no está bajo su control) ya que se trata solo de la vida que fluye. 

En mi opinión, la obra transcurre a través de los pendientes que hay que cumplir para cerrar una etapa, sobre lo que se nos obliga a afrontar sobre la marcha, sobre los sueños de juventud aparentemente claros que hay que abandonar (para bien o para mal) o dar la lucha final por ellos para cumplir la deuda que tenemos con nosotros mismos (tal vez la que más gusto nos dé pagar en nuestras vidas), y sobre la incertidumbre que significa ser adulto o el cliché que significa serlo en la maquinaria llena de tuercas que puede llegar a ser el sistema laboral y la sociedad moderna. 

Adultez: Asterios Polyp 

Será que la petulancia cuesta tan poco que se usa tanto, sea por un adolescente con ínfulas de hombre de mundo o un hombre con pretensiones todistas, lo cierto es que de esos hay bastante. Asterios Polyp, protagonista de la obra homónima escrita por David Mazzucchelli, es el arquetipo del segundo, su vida está ordenada en función de binomios y certezas simplistas que, por ser su creación, aplica bastante bien para describir a cada persona y a cada suceso mientras se regodea con la agudeza de su propia sabiduría. Asterios lo sabe todo. 

Claro, eso pensaba hasta que se encuentra a sí mismo abandonado por los demás y en la más absoluta miseria emocional. Entonces, emprende un viaje con lo que lleva en el bolsillo y con tres objetos que al principio de la obra representan lo que realmente es importante para él, pero que a lo largo de esta representarán el proceso honesto de dejar de ser él mismo y reencontrarse con el hecho de que hay vida más allá de su ego. 

En ese sentido, es genial que lo que motivara el viaje de Asterios haya sido una fuerza de la naturaleza y no su propia voluntad (lo fortuito versus lo calculado). Al terminar de leer la obra uno se da cuenta de que hasta antes del momento mismo en que esto pasa, Asterios estaba tan ensimismado consigo mismo, que no había forma de que diera un paso adelante por sí solo. 

Ahora, personalmente, encuentro el viaje de Asterios menos emocionante que sus flashbacks, en donde por cierto, Mazzucchelli parece esforzarse más con el arte gráfico. Pero la novela es un recuento de la vida de un hombre que está en sus 50 años y está solo, así que ambas líneas de tiempo (pasado y presente) se complementan bastante bien para darle al protagonista algo que no tiene sino hasta el final, futuro (aunque una de las viñetas finales de Mazzucchelli nos lo muestre extrañamente incierto). 

Cierro mencionando los premios Eisner y Harvey que Mazzucchelli se llevó por su obra, a la que por ratos haya que reconocerle cierta saturación de recursos, pero por eso no deja de destacarse. 

Vejez: Arrugas 


La vida seguirá siendo intensa hasta el momento mismo de la muerte, y hasta ese momento seguirá trayéndonos sorpresas. En “Arrugas”, el español Paco Roca nos devela que el cansancio y sosiego de la vejez no son tales, sino una lucha heroica entre el tiempo y nuestra temple. 

La dureza que significa envejecer en circunstancias especialmente jodidas, contrasta con la ternura con la cual Roca nos narra la historia de amistades otoñales y travesuras licenciosas que solo podrían funcionar con los eximentes que nos dan las canas. Por algo ganó el Premio Nacional de Cómic 2008 y la versión cinematográfica ha ganado una camada de premios, entre ellos dos Goya

Especialmente memorables son dos momentos, el primero que se va construyendo a lo largo de la obra y que culmina con la revelación evidente de que no hay edad para encontrar a ese alguien por el cual estás dispuesto a entregar lo que te queda de vida, un acto de amor que no se da solo entre amantes, sino entre amigos. 

El segundo es el instante sorpresivo en que Dolores y Modesto resumen una vida compartida con una única palabra (“tramposo”), que dispara un recuerdo, uno solo que define la relación tan profundamente sólida que pueden alcanzar dos enamorados. 

Muerte: Daytripper 


La intención de obviar los clásicos me está costando, especialmente en esta parte, en donde el “Pollo con ciruelas” (Poulet aux prunes) de Marjani Satrapi encaja tan bien. De verdad que esta obra es potente al describir la agonía surrealista autoimpuesta por el protagonista antes de su muerte, e interesante como es discutible si tal agonía es producto de su libre albedrío o fue condicionado a ella. 

Sin embargo, voy a referirme a “Daytripper” de los gemelos Fabio Moon y Gabriel Bá. La obra consta de diez historias, diez miradas diferentes de la forma en que la muerte afecta la vida. A través de las muchas e indefectibles muertes del mismo protagonista, Brás de Olivas Domingos, en distintas etapas de su vida, los autores nos recuerdan que no hay nada más cotidiano en esta, que el hecho de que se extingue. 

Voy a tomar el último párrafo de la etapa anterior sobre los recuerdos que definen una vida (algo que también sugiere el papá de Brás en el tercer issue de la historia, uno de mis favoritos) y aplicarlo junto con una de las líneas de “Asterios Polyp”, “todo recuerdo es una re-creación, no una reproducción”. Me parece que esa suma de ideas da como resultado uno de los puntos más fuertes de “Daytripper”, cada issue de la obra parece una retrospectiva que se presenta claramente como cierta, pero que en realidad es solo una posibilidad de recordarla, una forma de obtener perspectiva para vivir, habiendo aceptado que todo tiene su final, pero que hay un inicio y un camino que recorrer. 

Haber ganado un premio Eisner y un premio Harvey solo reafirma su calidad. De hecho, en esta página ya mereció su propio post.

Bonus track: nacimiento y paternidad 

Yo no soy padre, pero no hay que serlo para saber que la experiencia de la paternidad y maternidad merecen ser consideradas como unos de los hitos más importantes de la vida. Sea en las circunstancias más cómodas o difíciles, en general, es una feliz aventura. 


Como se trata de un bonus voy a salirme del formato y recomendar dos lecturas. La primera es la tira cómica de Rick Kirkman, “Baby Blues”. Creo que con el primer libro (This is going to be tougher than we thought) basta para entender el mensaje, lo extremadamente divertido que puede ser estar tan jodidamente complicado con las correrías de ser padre y madre primerizos. Por cierto, “baby blues” es el nombre de una condición postnatal de las madres, en la que sufren altibajos emotivos y episodios de ansiedad. Pero claro, sin ser demasiado literal con el término, el autor logra sacarle el lado cómico a las angustias de tener y criar un hijo. 


La segunda obra es la novela de Olivier Schrauwen, "Mi pequeño" (Mon Fiston). Una breve pero jocosa delicia sobre las preocupaciones y desventuras de un padre viudo con la nariz demasiado alzada y un hijo demasiado feo. La secuencia del zoológico es particularmente surreal, y precisamente por eso, hilarante y genial.

4 comentarios:

Guido Cuadros F.A. dijo...

Hola, gracias por el enlace a mi reseña de Ghost World. Y claro, por las recomendaciones (de las cuales sólo he leído Daytripper que ojo: este año fue re-editada en francia y está nominada al próximo Angouleme como mejor obra extranjera).

Se agradece también la información sobre autores japoneses, últimamente estoy muy interesado en el manga.

Billy Franco dijo...

Hola Aarón,
Yo también agradezco la cortesía de hacer el enlace a mi reseña.
Es una gran nota la que has hecho. Coincido contigo en mucho de lo que comentas de Asterios (esas dos páginas del flashback a su convivencia con la chica son potentísimas), un cómic estupendo al que dediqué también unas palabras en NCQSR, hace unos meses (http://www.nocreoqueseasreal.pe/?p=1341).
Por otro lado, creo que describes con especial fidelidad el maravilloso mecanismo desplegado en Daytripper, un cómic sobre el que muchos supimos por Angello Tangherlini y que Hernán Jordán, uno de mis socios en NCQSR, también comentó hace algunos meses (http://www.nocreoqueseasreal.pe/?p=5526).
De tus recomendaciones japonesas, por lo pronto yo picaré "Solanin" (probablemente por cuestiones generacionales).
Finalmente, siempre en relación al objeto de tu nota, quisiera compartir que hace poco menos de una semana terminé "The Love Bunglers" de Jaime Hernanez y puedo afirmar que su representación de cada una de las etapas de la vida (concretamente, la de Maggie, Hopey y Ray) se encuentra entre las más vívidas y sabias que he leído en mi vida.
Hasta pronto,
Billy

Gianco dijo...

Coincido plenamente con Billy. The Love Bunglers fue una de las lecturas más fuertes y emotivas que recuerdo del año pasado. Las últimas diez páginas aún sigue resonando en mi cabeza. Dios, que final...

Y también, excelente artículo Aaron ! Genial el haber incluído a Schrauwen !

AarónV dijo...

Muchas gracias por sus comments y las disculpas del caso a Angello por no colocar el link respectivo a su reseña, ahora ya está (imperdonable que esté dando crédito a foráneos y olvidándome de los propios, sorry brother). No he leído "The Love Bunglers", pero ya lo pusieron en mi lista.