domingo, 8 de junio de 2014

Post de batianiversario 3: Batman según Lovecraft (La maldición que cayó sobre Gotham)


Bueno, en realidad, según Mike Mignola, Richard Pace y Troy Nixey, pero basándose en la mitología lovecraftiana y en la enigmática y maravillosamente incompleta armazón de creación colectiva que son los Mitos de Cthulhu. No obstante, si bien la historia La maldición que cayó sobre Gotham (2000) es innegablemente una idea original de estos tres autores, su reconocida experiencia y maestría en la temática ocultista, religiosa y sobrenatural, los hace mimetizar muy bien su pluma con la pléyade de maestros que construyeron los Mitos, en especial, por supuesto, con Howard Phillips Lovecraft. Todo el universo del murciélago se adapta con tal facilidad al terror lovecraftiano, que uno casi está compelido a preguntarse si es que alguna magia negra no habrá conectado a los autores de ambas mitologías.

El encanto de Arkham

Voy a empezar con lo que me voy a tomar la libertad de entender como un antecedente a la obra de Mignola y compañía. Todo comenzó en 1974 (en Batman N.° 258 -para mi deleite personal, una historia sobre Dos Caras que merecería su propio artículo-), cuando un treinteañero Denis O’Neill tomó prestado uno de los íconos de los Mitos y creo uno de los íconos de la historia del cómic, el Asilo Arkham. 


En el universo de los Mitos, la ciudad de Arkham, creada por Lovecraft a inicios de los años 20, alberga una antigua copia del mítico Necronomicón, el cual es resguardado nada menos que en la biblioteca de la también ficticia y omnipresente Universidad de Miskatonic, alma mater de los científicos protagonistas de la novela En las montañas de la locura y que fue asaltada durante los hechos de El horror de Dunwich; obras a las que me referiré más adelante.

La ciudad ha sido testigo de intrigas más allá de nuestra comprensión y de horrores inefables que han llevado a hombres (y presumiblemente también a mujeres) a la locura. Como habrán podido notar, es precisamente este ambiente de desquiciada irracionalidad lo que desde el principio formó parte del Arkham de Batman, en donde se encuentran nuestros psicópatas favoritos y cuyo origen y espíritu ha encontrado su piedra angular en la conocida Arkham Asylum: A Serious House on Serious Earth (1989) de Grant Morrison. En su obra, Morrison nos explica el origen del sanatorio y cómo es que no se trata de un lugar de descanso sino un foco que alimenta de maldad a sus ocupantes y que incluso alimenta otras fuentes de maldad (Arkham: Devil’s Asylum -1995- ). En efecto, en la visión ya canónica de Morrison existe una familia Arkham cuyo destino maligno ha impregnado al asilo (previamente hogar de la familia) con una maldición de degradación para cualquiera que entre en él. 


Si bien las referencias sobrenaturales al Arkham de Batman son escasas o ambiguas, incluso en el propio Morrison, la maldad y demencia que simboliza el sanatorio se corresponde con la esencia del Arkham de Lovecraft. Recuérdese que más que resaltar lo sobrenatural, H.P. trataba de representar la maldad inherente al universo, a la naturaleza y a la vida.

Ahora, no es que esta referencia se pueda entender como un precedente directo de La maldición que cayó sobre Gotham, sin duda Mignola y Pace podrían haber creado su obra incluso si el Asilo Arkham no existiera; de hecho, curiosamente no lo usan en su historia. Pero, creo yo, que la existencia y trayectoria de Arkham en el batiuniverso funciona como un elemento que justifica retrospectivamente el potencial lovecraftiano de este superhéroe en particular, en comparación con sus pares, a pesar que a cualquiera de ellos puede adaptársele a la fuerza a cualquier situación. Digo retrospectivamente porque si bien se introduce en 1974, posteriores historias del murciélago lo han situado dentro de su pasado ficticio, es decir, se ha vuelto canónico que siempre estuvo allí, solo que Dennis O’Neill fue el primero que lo mencionó (¡Vaya descuido de Bob Kane, ¿no?!). Así, el Asilo Arkham es para la historia de Mignola, Pace y Nixey, si se quiere, un precedente de compatibilidad, no temático.

Seguro estarán pensando que el buen Batman ha tenido varias historias siniestras y sobrenaturales a la vez, y que por lo tanto Arkham no es nada especial; por ejemplo Batman: Gothic (1990) (dentro de la continuidad) o Batman y Drácula (1991) (que junto con todas sus secuelas son elseworlds), entre otras. Pero mientras el contenido de estas se agota dentro de su misma trama, el Asilo Arkham trasciende cualquier referencia particular porque es parte de la esencia de todo el batiuniverso, de la misma forma que lo es Ciudad Gótica; y este elemento tan importante es cortesía de H.P.



En las entrañas de la bestia (Spoilers)

Ahora sí, entrando de lleno en la historia de Mignola y compañía, hay que empezar con lo obvio. Los autores se toman ciertas libertades al momento de mezclar elementos de ambos universos narrativos. No podía ser de otra forma. Pero las principales influencias son fáciles de descifrar. Primero están las referencias generales a ancestrales civilizaciones de reptiles humanoides que veneran a los malignos dioses Primigenios (como Cthulhu) y Exteriores (como Yog Sothoth), en oscuras cavernas subterráneas o acuáticas que no en pocos casos se ubican cerca o debajo de ciudades portuarias como (oh, sorpresa) Gotham. Las historias Dagón, El ceremonial, La sombra sobre Innsmouth y El sello de R’lyeh pueden ser algunas de las referencias más cercanas para estos elementos; todas obras de Lovecraft, a excepción de la última que corresponde a su principal admirador y colaborador, August Derleth.

En segundo lugar están las referencias más específicas y que de hecho, para quienes estamos familiarizados con los Mitos, es un placer verlas tan bien tratadas como fuentes para una historia de Batman: La maldición que cayó sobre Sarnath, En las montañas de la locura y El horror de Dunwich; en estos casos todas de Lovecraft. El aporte de la primera es evidente, pero el título no es lo único, las referencias a las reptantes razas ancestrales también están aquí. En el caso de la segunda, Mignola y Pace se valen de la Antártida y el descubrimiento de monstruosas criaturas como punto de partida para lanzar a Bruce Wayne y su tripulación (básicamente un set de Robins: Jason, Dick y Tim) de regreso a Gotham y al desenvolvimiento de los hechos de su historia. En el caso de la tercera, los autores se apropian de Yog Sothoth y de las posesiones corporales o disfraces humanoides que las siniestras criaturas como él usan para movilizarse y cumplir sus propósitos.


Con todos estos elementos, los guionistas nos plantan una historia ambientada a principios del siglo pasado (1928) y en la que, como es típico en Lovecraft, los protagonistas están destinados a la tragedia que les toca (normalmente por las acciones de algún ancestro) o ellos mismos se la buscaron inadvertidamente. En este caso, la expedición de Bruce lleva a Gotham el último ingrediente de algo que se había estado fraguando desde hacía siglos, de lo que no hay escapatoria posible y cuyo objetivo es despertar al mal que consumirá todo.

Desde la primera hoja, los autores empiezan a presumir de su obra mostrándonos a un ritmo espeluznantemente rápido y calculado, la galería de batipersonajes transmutada a los arquetipos que plagan la obra de H.P. Los esclavos capturados por las entidades malignas y cuyos cuerpos han sido degradados (El Pingüino, el Señor Frío, Dos Caras y Killer Croc); los monstruos menores (Hiedra Venenosa); los valientes que no sobreviven para contarla (Jason y Dick); los buenos que ya están condenados (Oliver Queen y Man-bat); los mensajeros/sacerdotes profanos (Talia y Ra’s Al Ghul); el que tiene el conocimiento arcano para el bien, pero no los medios (Bárbara Gordon); y el héroe maldito (Batman).

Sin ahondar más en los detalles de la trama (creo que con el plot general y los protagonistas basta), habría que decir también que además del ritmo impecable de la obra, la ambientación de los lápices de Nixey es sumamente evocativa de los paisajes lovecraftianos (aunque tal vez un poco menos de color hubiera funcionado mejor). Seguramente este acierto se da por intervención directa de Mignola, quien tiene harta experiencia con los escenarios infernales y cuyo estilo de dibujo es claramente emulado.


Sin embargo, como todo fan espeso y perfeccionista, luego de haber disfrutado cada minuto de lectura, alguna crítica tengo que hacer. En realidad, no se trata de nada objetivo, creo que la obra cumple con creces cualquier exigencia de forma y fondo, pero hay detalles que hubiera cambiado (que conste que advertí que me iba a poner espeso). 

El primero es la inclusión del demonio Etrigan, que funciona como una fuerza del bien equiparable a Yog Sothoth, enviado por los dioses Arquetípicos, y que de hecho es crucial en la batalla final. Mi problema con esto es que tal contraposición de entidades del bien y del mal no solo no es lovecraftiana, sino que es antilovecraftiana. El pesimismo fatalista de H.P. es tan legendario, que incluso August Derleth, creador de los Arquetípicos como fuerza opositora a los otros dioses que ya mencioné, no se atrevió a colocarlos como fuerzas cósmicas del bien, ni mucho menos interesarlos en asuntos humanos. Estos dioses encerraron a los Primigenios, pero no por bondad, sus motivos son más bien uno de los grandes enigmas del universo de los Mitos de Cthulhu, pero de ninguna manera son encarnaciones del bien.

Esto podrá ser una exquisitez, pero a la herejía arriba mencionada se suma el hecho que Etrigan es un recurso absolutamente innecesario, a mi gusto, al punto del absurdo. Es decir, me queda clarísimo que al final tenían que ganar los buenos, eso ni discutirlo, habría que ser ingenuo; pero existiendo tal cantidad de secundarios y tal cantidad de fuentes literarias, la función de Etrigan como guía (ya habían dos) y luego como un deus ex machina, francamente debilitan lo que por lo demás es una lógica narrativa sumamente sólida.


El segundo detalle es la maldición personal del héroe. Claro está que Lovecraft tiene un apasionamiento por atormentar a sus personajes, especialmente si tienen buenas intenciones. Es claro también que Batman no se la iba a llevar tan fácil y algún precio tenía que pagar por su victoria, eso te lo ponen en frente desde el principio. El problema está en que la naturaleza específica de su sacrificio es tan gratuita, tan escasamente justificada, que en realidad su única razón de ser es que el héroe se llame “hombre murciélago”, lo cual da la impresión de que al equipo creativo ya se le habían acabado las ideas o que se les había olvidado crear un background para este tema.

Epílogo

En fin, son detalles. Si tuviera que calificar la obra le pondría un 9 sobre 10. El esfuerzo de los autores por crear una historia fiel a ambos mundos solamente puede ser loable y su lectura, absolutamente recomendable.

Por desgracia, conseguirla en el idioma original es bastante difícil; aunque por fortuna, ECC ha editado en nuestro idioma una compilación de los tres números que la componen y que, según he leído, es de lujo.

Por cierto, si alguien quisiera repasar o iniciarse en la literatura de H.P., Alianza Editorial tiene una selección de los principales relatos que componen los Mitos de Cthulhu, agrupados en tres etapas según su evolución narrativa y con sendos estudios preliminares. El precio más barato que he encontrado para el libro lo tiene la librería Casa del Saber en Miraflores, incluso más barato que en Quilca. El libro contiene cuatro de las siete obras que he mencionado aquí, pero Dagón, En las montañas de la locura y El horror de Dunwich pueden ser encontrados fácilmente en internet.


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